Hombres y emociones, nuevas masculinidades Sabadell

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Emociones y hombres. ¿Qué nos pasa con el mundo emocional?

Emociones y hombres. ¿Qué nos pasa con el mundo emocional? Inteligencia emocional y masculinidad.

Vivir las emociones y sentimientos.

La inteligencia emocional no debe basarse en hablar «acerca de», es más bien sostener y vivir las emociones.

A menudo escucho a amigos y compañeros de activismo decir aquello de “yo no soy machista”. A veces de un modo explícito, otras veces de un modo indirecto. Y yo creo que sí, sí somos machistas. Y no quiero con esto darme con un látigo (yo siempre he sido más hedonista que masoquista). Tampoco estoy resignándome ni vanagloriándome del machismo de los hombres.
Creo que solo desde la aceptación honesta (que no resignada) podemos avanzar en la deconstrucción de la masculinidad hegemónica.

El discurso políticamente correcto está bien. Pero es sólo el principio, sospecho que algunos hombres se quedan en eso, lo políticamente correcto. Y no es suficiente, a veces es incluso perjudicial. Creo que es necesario ahondar algo más, por eso el título “emociones y hombres”

¿Los hombres no tenemos emociones?

¿Los hombres no tenemos emociones? Claro que las tenemos…. Pero selectivas. ¿Y las emociones tienen que ver con nuestro machismo? Pues sí y lo veremos con ejemplos.

También veremos cómo machismo, (algunas) emociones y hombres están muy ligados.

Antes de empezar matizar lo que he expuesto. No estoy haciendo una apología del machismo ni mucho menos. Más bien al revés. Pero quiero ser realista.

Como terapeuta soy consciente que lo que aprendemos de pequeños no se va de un día para otro. Y más aún si está acompañado de una fuerte presión social. Es necesario un norte y tenerlo claro. Pero una cosa es tener claro el objetivo y otro haberlo conseguido.

Conseguir una afinidad entre los hombres y las emociones es una asignatura pendiente en la masculinidad. Y si no superamos (vivencialmente) esta carencia, sólo nos quedaremos en palabras vacías.


Hombres y emociones, sentimientos, emociones secundarias…


Existe un extraño maremágnum semántico entre los teóricos de lo emocional. Yo, que congenio más con la praxis, no me llevo muy bien con el mundo de los conceptos. Sin embargo, por suerte algo está claro, el concepto emoción, a saber:

Conjunto de reacciones orgánicas que experimenta un individuo cuando responde a ciertos estímulos externos que le permiten adaptarse a una situación con respecto a una persona, objeto, lugar, entre otros”.


Aunque hay otros modelos, para simplificar en este artículo utilizaré el de las 4 emociones básicas


Rabia
Alegría
Tristeza
Miedo.


En el artículo El patriarcado y sus mandatos señalé algo acerca de las 4 emociones básicas. Y también cómo el patriarcado articula la relación entre emociones y hombres mediante presuposiciones impuestas.

Así, rabia y alegría son entendidas como inherentes a las emociones del hombre. Tristeza y miedo, al ser etiquetadas en esa confusión entre debilidad y vulnerabilidad no son consideradas tan propias de hombres 🙄 . Por supuesto hablo de estereotipos patriarcales vinculados a emociones y hombre.

En cuanto a los términos sentimientos y emociones secundarias tienen otras connotaciones. En lo que concierne a este artículo me centraré en algunos aspectos, no en todos. Utilizaré preferentemente el término emociones secundarias.


Las emociones secundarias y el aprendizaje en sociedad.


Las emociones secundarias son compuestas, algo más elaboradas y, sobre todo, aprendidas. Les acompaña, también, un fuerte componente social y valorativo, una suerte de creencias.

Emociones aprendidas

Algunas emociones se aprenden… y pueden desaprenderse...

Las emociones básicas son inherentes a nuestra condición de mamíferos y anteceden a las secundarias. Estas últimas las vamos construyendo hasta, más o menos los 8 años. Y esto es muy importante para entender el vínculo hombres y emociones.


Un ejemplo no muy extraño: Un niño, vive la realidad de papá como un ser (semi)ausente. Consecuentemente es mamá quien más le cuida. Habrá integrado, inconscientemente, el mandato “mamá debe cuidar de mí”. Ha vivido con tanta naturalidad los cuidados de la madre que asume, implícitamente, que es un deber de mamá cuidarle. Y, peor aún normalizará los descuidos de su padre.

Así, se enfadará más con su madre que con su padre al ser desatendido. Es otra forma de ese mandato “a las madres se le exige perfección, a los padres… no tanto”. Por supuesto esto es así siempre y cuando no exista una educación (llamémosle) correctora de la situación.

Pero esto va mucho más allá. ¿Qué ocurre cuando un hombre asesina a su pareja (o expareja) y, acto seguido, se suicida? El suicidio no es ni explicación ni justificación del asesinato, pero algo ha ocurrido en ese arrebato. Veamos ejemplos habituales.


Hombres y emociones secundarias. Desarrollo social y mezcla de emociones.


La frustración es una de las emociones secundarias que pueden provocar más desacuerdos en pareja. Nace de una expectativa previa, muchas veces alimentada por los mitos del amor romántico. Cuando esta expectativa (responsabilidad de quien la construye) no se ajusta a la realidad, aparece la frustración.

Por ejemplo, imaginemos que en una reunión social la mujer disiente de su pareja (hombre en este caso). Él cree (expectativa/creencia) que su mujer nunca debe “disentir de él” en público. Pero además, para este hombre existe una relación de significado perversa pero muy habitual: “Si ella disiente de mí, quiere decir que no me respeta”. No olvidemos que hasta no hace mucho subyacía el principio de autoridad en el eufemismo “cabeza de familia/hombre”.

Hombres y emociones.

¿Vivimos desde la cabeza los hombres?

Así pues tenemos una creencia instalada desde la infancia que vincula a este hombre con emociones concretas. Probablemente nunca vio a su madre llevando la contraria a su padre en público. Esta es una impronta (experiencia/s significativa/s de referencia) no verbal que se instala como una creencia firmemente arraigada. Pero hay más: otra/s creencias vinculadas a los hombres y las emociones.


La doble naturaleza emocional de la frustración.

La frustración, como emoción secundaria, además de contaminada por lo cognitivo, es también mixta. La tristeza por la pérdida de la expectativa. Y también la rabia, a menudo dirigida “hacia afuera”. Esto si no somos capaces de entender que toda expectativa es responsabilidad de quien se la construye.

Tenemos pues rabia y tristeza unidas como vasos comunicantes en la frustración. Pero cuando nos miramos, hombres y emociones, nos damos cuenta que la tristeza no la llevamos nada bien. La tristeza implica pérdida y un hombre evaluado por los estándares del patriarcado es fuerte, dominante. La pérdida es mal aceptada.

Además, eso de llorar…. vuelvo al discurso del sólo bla, bla, bla…. Los hombres somos capaces de admitir verbalmente que no pasa nada si lloramos…. Y he visto a esos mismos hombres, en círculos de trabajo emocional, receptivos y protegidos, explicar historias muy dolorosas… Y no he visto ni una lágrima…. 😯


Volvamos a la frustración y sus dos depósitos emocionales como vasos comunicantes Rabia y Tristeza. Si la tristeza no la sostenemos…. ¿por dónde expresamos la frustración?. Por la rabia.


Rabia, agresividad y violencia en el hombre.

La agresividad, como expresión de la rabia, se transforma en violencia para reivindicar algo que vivimos como un derecho. Pero sabemos que la violencia es un comportamiento aprendido al servicio de los propios intereses. En este caso, equivocadamente, al servicio de lo que creemos nuestro derecho.

En este punto el hombre expresa sus emociones desde un lugar profundamente patológico. Cree que tiene un derecho, cuando esto es solamente una expectativa. Una creencia de cómo deberían ser las cosas. Algunas creencias profundamente arraigadas, distorsionan la realidad. Entonces el hombre vive sus emociones como un derecho a reivindicar.

Sostener las emociones sin contaminarlas.

Vivir creativamente las emociones, aun cuando nos incomoden.

También sabemos que, muchas veces, la rabia encubre a la tristeza. Es más fácil para los hombres relacionarnos con emociones que supongan expansión (rabia y alegría) que con otras que supongan contracción (tristeza). Incluso, a veces, ambas mantienen un extraño vínculo:

Algunos de los que nos dedicamos a esto, nos gusta contar cuentos. Hay uno que viene como anillo al dedo a esto, el de dos amigas…. La rabia y la tristeza


Si pudiste escuchar el cuento, estupendo, sólo son dos minutos. Si no el mensaje es simple: la tristeza, a veces, encubre una rabia no expresada. Y lo mismo es cierto al revés. En el caso que nos ocupa de la frustración espero que haya quedado obvio el motivo. Especialmente en esa extraña relación hombre – emociones.

Pero el mundo de los cuentos es el que es. Puede servirnos para una comprensión profunda, pero la trinchera del día a día es otra. ¿Qué podemos hacer los hombres para, en estos contextos, llevarnos mejor con la frustración? Ahí van unas cuantas sugerencias.


RECONOCER (Y honrar) LA TRISTEZA


– Una pregunta que puede formularse en modo genérico o bien situacional:

¿Qué me hubiera gustado que hubiera sido y, sin embargo, no fue?

La primera parte de la pregunta me pone en contacto con la ilusión de la expectativa. También con el implícito de la responsabilidad en la construcción de la misma.

– Reconsiderar las creencias implícitas.
– Aprender a pedir asertivamente.
– Desarrollar la empatía.
– Aprender a responder en vez de reaccionar. La respuesta viene de un espacio en el que respiramos y re-consideramos la situación. La reacción es rápida y automática.
– Aprender a sostener la frustración. Reconocer la propia responsabilidad en la expectativa auto-creada.
Sostener la tristeza, respirarla y examinar qué pasa en mi interior cuando la reconozco. Bien sea en mí o en otra persona. Por ejemplo, cuando un amigo se divorcia.


Por supuesto no entender la tristeza como victimismo o un modo de llamar la atención.


Hombres y emociones: Conclusión

Conexión cerebro corazón.

Darnos cuenta de las emociones, conciencia emocional.

Estos elementos cognitivos y emocionales siguen apareciendo, como implícitos, en las vidas de muchas familias. Y lo que vivimos en la infancia no se disuelve por una simple declaración de lo “correcto políticamente”. Es tanto como decir “sé que es malo fumar pero esto no me habilita para dejarlo si tengo la adicción”.

Para una profunda reeducación emocional del hombre es necesario un trabajo vivencial. No solamente teórico, documentado y bienintencionado.

Lo expuesto es, por supuesto, solo una orientación. Salvar esta brecha entre hombres y emociones requiere, en ocasiones, un proceso vivencial y terapéutico.

 

Hasta el próximo artículo,recibe un cordial saludo,

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Emociones y hombres. ¿Qué nos pasa con el mundo emocional? Inteligencia emocional y masculinidad.

Terapia de relación con el padre Sabadell

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La relación con el padre y el modelo de masculinidad.

La relación con el padre. Honrar su figura, aceptar lo que queremos, y no aceptar lo que rechazamos. Josep Guasch, coaching y psicoterapia.

La comunicación padre e hijo

El padre es el espejo en el que se mira el hijo. Incluso si este último lo rechaza.

Vimos en el anterior artículo (Mi padre y yo) cómo nuestra masculinidad se nutre de nuestro padre. Además, en nuestro grupo de Nous Homes de Sabadell hemos constatado algo más. Es un mal endémico que la relación del hijo con el padre se sostenga en espacios de silencios. Silencios prolongados. Pero no silencios para respetar el espacio del otro. Si no silencios incómodos en los que parece que algo revolotea en el ambiente.

La relación con el padre es difícil pero no por ello debemos mirar hacia otra parte. Y eso es así por dos motivos:

– Uno, ya mencionado, que condiciona nuestro modo de ser hombre.

– El segundo, si no tomamos conciencia, también nos marcará como padres de un modo automático e inconsciente. Para poner (o al menos intentar hacerlo) algo de luz veamos qué dicen diferentes escuelas terapéuticas.

Cómo marca la relación con el padre según el psicoanálisis.

El éxito profesional vinculado a la masculinidad patriarcal.

La autoestima, en muchos hombres, está vinculada al éxito profesional.

Para el psicoanálisis la relación con el padre es fundamental para nuestro desenvolvimiento profesional, social y cultural. En la figura paterna se fundamenta la identidad del hijo o hija. También es la figura encargada de poner límites y de separar al hijo de la madre. Por supuesto esto último va (o debería ir) orientado a la creación de la personalidad del niño o niña.

Es habitual que el hijo se rebele contra el padre, especialmente en la adolescencia. Un padre, sin conflictos previos (creo que una utopía en la sociedad actual) debería sostener y comprender esta rebelión.

La triste realidad es que en la relación con el padre ambos terminan rivalizando mutuamente. Es importante comprender la importancia que para el hijo tiene la relación con su padre. Aun cuando rivalice con él terminará siendo su modelo. Debemos entender, como padres, que esta rebelión del hijo forma parte de su proceso identitario. Es aquí donde los hombres podemos incurrir en dos defectos típicos:

– Una excesiva permisividad, a veces revestida del sucedáneo “padre/amigo”. Al no atreverse a poner límites a su hijo delega (consciente o inconscientemente) en la madre este papel. Muchas veces se trata de hombres infantilizados incapaces de asumir un rol adulto. Es importante resaltar que no es lo mismo hombre infantilizado que hombre en contacto con su niño interior. El contacto creativo con el niño interior requiere un adulto estable, empático y, precisamente, adulto.

– También es posible la figura inversa. El padre tirano. De nuevo creo importante hacer una distinción. No confundir autoridad para establecer límites con tiranía arbitraria.

En la relación sana con el padre debe existir, por parte de este, un respeto por la singularidad del hijo. Del mismo modo que le acompaña, otorgarle un espacio para que despliegue su personalidad independiente.

Un padre así tampoco debe ocupar un rol de infalible ni omnipotente. El error es posible por parte del padre y del hijo pues forma parte de todo proceso de aprendizaje.

 

Bert Hellinger y la visión sistémica de las constelaciones familiares.

El padre como el cabeza de familia en el patriarcado.

El padre ocupa el papel de cabeza de familia en la tradición patriarcal.

Hellinger diferencia el contacto con la vida de la fuerza de la vida. En el lenguaje de las constelaciones familiares tomar a la madre es tomar la vida. En modo complementario tomar al padre es tomar la fuerza de la vida. Así pues la relación con el padre marcará el empuje para el avance, decisión, proyectos, evolución etc… La relación con la madre y la vida nos vincula con la capacidad de cuidar y nutrir. Pero cuidado, también cuidarnos y nutrirnos, es decir a nosotros mismos.

El habitual descuido masculino en nuestra capacidad de cuidarnos implica un desequilibrio de nuestra relación con la vida. Paradójicamente podemos hablar también de hombres con empuje en lo profesional, político y/o social. Los estereotipos de hombre patriarcal ahondan en esta descompensación. Y, aun cuando probablemente estemos avanzando en esto, es un reflejo que se transmite en la relación con el padre.

No es extraño ver aún hombres “cumplidores y trabajadores” que “delegan” las tareas de cuidado en la mujer. Incluso una de las cosas que más valora cierto segmento de la población es que el hombre sea “trabajador”. Cuidado, no estoy abogando por descuidar esta virtud, estoy hablando más bien de compensar y equilibrar. No olvidemos que cuidar también es trabajar.

Los roles estereotipados (mujer cuidadora y hombre trabajador/proveedor) también se transmiten sutilmente en la relación con el padre. Puede más el ejemplo que los discursos.

 

La relación con el padre, qué tomar y qué no tomar

Aprender a discriminar lo constructivo de lo destructivo de la masculinidad hegemónica

Discernir qué abrazamos y qué no del modelo de masculinidad transmitido por el padre.

Creo que determinación, poner límites, voluntad, poder, acción, entre otras, son cualidades humanas. De un modo estereotipado, probablemente, transmitidas en la relación con el padre. Y son cualidades que los hombres podemos honrar y reconocer en ellos, pero no cultivar de un modo unilateral.

En los años 70 y 80 surgió un tipo de hombre conocido peyorativamente como los “chicos New Age”. Y no me refiero a los que también se conocieron como “niños índigo”. Eran más bien hombres conscientes de la supremacía del modelo machista. Pero en su intento por desvincularse del estereotipo se polarizaron en una masculinidad desvitalizada.

Hombres que en la relación con su padre advirtieron dureza, incomprensión, incluso violencia que rechazaron radicalmente. De esta manera rechazaron la totalidad que representaba su padre así como lo “aprovechable” de esa masculinidad.

Hombres que confundieron vulnerabilidad con debilidad, flexibilidad y sensibilidad con labilidad emocional. Hombres que, en definitiva, desconocían que se puede ser fuerte y sensible.

Honrar y “tomar” a nuestro padre (y por supuesto a la madre) no significa estar de acuerdo con él. Pero este fue una parte en la transmisión de nuestra vida. Y nos sirve de modelo (como ejemplo o contraejemplo) en la de/construcción de nuestra masculinidad.

En terapia Gestalt distinguimos la diferencia figura/fondo. La figura es lo que emerge en la conciencia, revestido de forma. El fondo es lo que aún permanece imperceptible aunque siempre está presente.

En la relación con mi padre advierto cosas que no me gustan y otras que me gustan. Estas cosas conforman las figuras que emergen del fondo. Pero también me doy cuenta de mucho más. La transmisión de vida y amor a los que, con más o menos acierto, pretendo dar forma. Y ése es el fondo que permanece siempre, invisible o no. A ese fondo yo le llamo Vida y Amor.

Hasta el próximo artículo, recibe un cordial saludo.

www.josepguasch.com

Anterior artículo relacionado: Mi padre y yo. El espejo para transformar la masculinidad.

 

 

La relación con el padre. Honrar su figura, aceptar lo que queremos, y no aceptar lo que rechazamos. Josep Guasch, coaching y psicoterapia en Sabadell.

Mi padre y yo

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Mi padre y yo. El espejo para transformar la masculinidad.

Mi padre y yo. Relación con el padre y nuevas masculinidades, Nous Homes de Sabadell

 

La relación con el padre y nuevas masculinidades

La relación con el padre, imagen de la masculinidad

Buscando en internet el título/tema “mi padre y yo” he tropezado con dos libros. Uno de J.R. Ackerley y otro de Juan Manuel Gil. No he leído aún ninguno de los dos, pero sí las sinopsis.

Con relatos distintos, el tema de siempre. Sospecho que tan antiguo como la creación. Esa eterna historia de encuentros y (casi siempre) desencuentros típica de la masculinidad entre “mi padre y yo”.

El motivo de este interés no es otro que la experiencia que en Nous Homes de Sabadell estamos transitando acerca del vínculo con nuestro padre. Los hombres actuales hemos heredado esta forma de ser hombre, pecisamente de nuestros padres. Podemos aceptar, rechazar, discutir, anatemizar y todas las disidencias y acuerdos posibles…. Pero ahí está… y aquí estamos nosotros. Con nuestras herencias y disidencias.

Creemos que es esencial en la construcción de nuevas masculinidades este tránsito vivencial. Saber de dónde venimos. Porque en ello están gran parte de nuestras sombras internas acerca de lo que (creemos) es ser hombre.



Mi padre y yo en el libro “De la madurez masculina”.

En el libro “De la madurez masculina” se dedica un título completo a este temazo. La relación entre “mi padre y yo” aparece descrita en forma trágico – cómica en un diálogo hijo-padre:

Un hombre joven e independizado decide restañar la brecha con su padre y le llama por teléfono. Transcribo la conversación tal y cual está en el libro de Steve Biddulph:

Hola, papá, soy yo.
– ¡Ah! ¡Vaya! Hola, hijo. Voy a buscar a tu madre
– No, no lo hagas. Es contigo con quien quería hablar…

Hay un momento de silencio… y luego….

¿Por qué? ¿Necesitas dinero?
– No, no es por dinero.

Y el joven empieza a hablar (ya lo tenía todo pensado, pero aun así las palabras le salen de una forma insegura…)

– He estado recordando muchas cosas sobre ti, padre, y las que hiciste por mí. … Ahora me va bien y todo gracias a lo que hiciste… He estado pensando en ello y me he dado cuenta de que nunca te había dado las gracias.

Silencio en el otro extremo del teléfono. El hijo continúa…

– Quería decirte… Gracias. Y que te quiero.
¿Has estado bebiendo?

 

Mi paddre y yo, el origen de la masculinidad

¿De qué hablamos los hombres…?

En este diálogo hay muchos, muchísimos estereotipos de la masculinidad patriarcal. Y aunque nos definimos como hombres pro-feministas, entendemos que tenemos un sendero propio a recorrer.

La de-construcción de la masculinidad hegemónica no solamente significa la renuncia a los privilegios que nos otorga el patriarcado. No solamente el activismo decidido por la igualdad con nuestras compañeras, las mujeres. Incluye todo lo anterior y algo más.


Las nuevas masculinidades y el mundo emocional

Este algo más rezuma en la relación entre “mi padre y yo”. La meta/educación que, por defecto, nos transmitieron nuestros padres con su ejemplo. El gran tabú de la masculinidad hegemónica:

El reconocimiento de nuestro mundo emocional, de nuestra capacidad de sentir. Reconocer que somos capaces de emocionarnos, amar, entregarnos. Que tenemos una sensibilidad que puede florecer con un poema, una relación, una flor, unas palabras… Y para rizar el rizo…. ¡HACERLO EN COMPAÑÍA DE HOMBRES! 🙄 😯 .

Esta es, creo, la experiencia iniciática de la masculinidad. Sí, a los hombres nos resulta difícil reconocernos vulnerables. Pero como intuimos que una mujer nos puede entender mejor… no nos resulta tan difícil hacerlo con ellas. Bien sea pareja, hermana, amiga, la madre…

Pero reconocer esto ante un hombre o grupo de hombres…. Para la sombra de la masculinidad patriarcal que habita en nuestro inconsciente profundo es terrorífico. ¡Es como ofrecer la yugular al conde Drácula! 😕

Y es de esto que, cuando pienso en la relación entre mi padre y yo, creo me quería proteger.

Mi padre y yo…. Pero ¿de qué quería protegerme mi padre aun cuando no lo supiera?

Muchas veces cuando pienso en la brecha entre mi padre y yo me pregunto: ¿Qué había en su corazón que nunca fue expresado y normalizado? Ahora entiendo que él, sin saberlo, me transmitió lo que generaciones y generaciones de hombres han mantenido durante siglos.

“Los hombres somos fortalezas insensibles a cualquier dolor”.

El papel protector de la masculinidad

Paternidad, función protectora… y ¿sobreprotectora?

Es obligación vivida como deber. Impuesta por la amenaza. Sí, porque formar parte del “selectivo” club de los hombres significa ser duro, fuerte, insensible.

Si un hombre (llamémosle hegemónico) descubre mi vulnerabilidad, para él, “dejaré de ser hombre”. Esto es de lo que nuestros padres nos quisieron proteger. Entender esto, la intención positiva detrás de ello, es lo que puede ayudarnos a reconciliarnos con ellos, con nuestros padres. Es lo que me ayuda a suavizar la brecha entre él y yo.

Darnos cuenta de que la intención es/era buena es el primer paso. Pero no nos exime de la responsabilidad de encontrar nuevas formas de relacionarnos¡¡entre hombres!! Por supuesto no excluyo en esto a mujeres y personas en general. Pero uno de los grandes problemas es cómo nos relacionamos entre compañeros de género.

El caballero de la armadura oxidada.

Recuerdo uno de los primeros trabajos que hicimos en “Nous Homes de Sabadell”. La lectura y conclusiones acerca del libro “El caballero de la armadura oxidada”.

En forma metafórica este libro expresa el modo en que aparecemos los hombres. ¡Con una armadura! ¡Y más aún entre hombres! Pues tenemos tan interiorizada la armadura que si nos desprendemos de ella es como si no supiéramos quiénes somos. Pero sí sabemos de quiénes defendernos. ¡De otros hombres!

Las normas del patriarcado nos han hecho individualistas, competitivos, feroces. El patriarcado es, por definición, la dominación por el poder. Y si nosotros somos los privilegiados del patriarcado, «debemos cumplir con lo que nos exige». Esta es la interiorización profunda que está enraizada en el alma del hombre occidental. Generalmente hombre de raza blanca, heterosexual, clase media o media alta y conservador.

Esa fue la relación entre mi padre y yo, la relación de dos caballeros con armadura. Y aun cuando fue así, su distanciamiento emocional lo era como algo necesario entre hombres. Pues una relación más cercana, bajo el prisma patriarcal, implicaría, como en el anterior diálogo, “estar bebido”.


Construyendo nuevas masculinidades con el ejemplo de mi padre y yo

En nuestra asamblea emocional de “Nous homes de Sabadell” un compañero expuso la pregunta: ¿Cómo puedo educar emocionalmente de un modo saludable a mi hijo si tuve esa falta con mi padre? ¿Cómo aproximarnos emocionalmente a nuestros hijos desde la carencia de esta aproximación en nuestra infancia?

El personaje que encubre la masculinidad interior.

El «personaje» que oculta la verdadera masculinidad.

Y esto que algunos hombres podríamos vernos tentados a oponer como excusa/justificación revertirlo en responsabilidad. Lo importante, creo, es que pongamos atención a cómo podemos construir eso que echamos en falta. Y si algo echamos en falta es que presentimos, en el peor de los casos, cuál es la ausencia.

Identificar eso, llamémosle mayor proximidad, empatía, cercanía, complicidad, sensibilidad… no es difícil en el plano teórico pero se complica en la práctica. Y es en este espacio de perplejidad (por llamarlo de alguna manera) donde surgió la idea. No es nueva, pero sí en este contexto. La de escribir cada uno un texto que bien pudiéramos llamar “mi padre y yo”.

Una carta a nuestros padres en la que le agradeciéramos lo que hizo por nosotros. Y desde otro lugar lo que, en su momento, echamos en falta. No se trata tanto de una carta para enviar al destinatario como de una carta de ayuda al remitente. Un modo de distinguir y clarificar conductas, actitudes, en definitiva modelos. Y una vez distinguida desde el fondo difuso la falta, darle forma en nuestros espacios de vida y relación.

De este modo, la falta puede transformarse en un objetivo. Y con este el anhelo hacia una masculinidad más inclusiva, empática e integradora.

Cuando proyectamos lo que nos sobra, pero…

No es algo nuevo lo que surgió en este trabajo. Ese darnos cuenta (que ya intuíamos) de cómo nos parecemos a nuestros padres. Creo que todos los hombres deberíamos hacernos esta pregunta: ¿Qué reconozco de mi padre en mí? Sea que me guste o no. Y es aquí cuando vienen a mi memoria las palabras de Christopher Harding:

“Se habla mucho sobre padres física y/o emocionalmente ausentes, pero los hijos también empiezan a preguntarse: “¿Estaba realmente ausente, o tanto yo como él conspirábamos inconscientemente para ignorarnos mutuamente?”.

Proyección de la sombra de la masculinidad hegemónica.

Proyectamos lo que no reconocemos en nosotros mismos.

Entonces el descubrimiento de la historia entre mi padre y yo toma tintes extraños. Desde mi responsabilidad, renunciar a esa fidelidad inconsciente, a un modelo de “ser hombre”. Y renunciar a este modelo no es renunciar a mi padre como tampoco lo es renunciar a mí mismo. Es intentar ir un poco más allá. Y poder decir, parafraseando a Newton: “Si he podido ver más allá es porque me encaramé a hombros de gigantes”.

E insisto, este reconocimiento no lleva implícita la aceptación del modelo, sí la del hombre. Creo que es bueno anteponer aceptación aun cuando sea desde la disidencia. El objetivo no es, en sí, atenuar responsabilidades heredadas del modelo patriarcal. El objetivo es, en realidad, un metaobjetivo. Tiene más que ver con el cómo que con el qué.

Cuando me relaciono de modo amoroso, aun cuando sea en desacuerdo, puedo expresar algo parecido a esto:

“Papá, no estoy de acuerdo contigo. Quizás he sido el máximo disidente contra ti. Pero gracias a ti y a mamá tengo esta oportunidad. La de mejorar como hombre, en la medida que pueda. Y, acaso, intentar mejorar en algo esta sociedad patriarcal”.

Un cordial saludo,

www.josepguasch.com

Anterior artículo relacionado: El patriarcado y sus mandatos.
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Mi padre y yo. Nuevas masculinidades y relación con el padre , Nous Homes de Sabadell

El patriarcado, nuevas masculinidades. Nous Homes Sabadell

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El patriarcado y sus mandatos hacia los hombres

El patriarcado, sus mandatos hacia los hombres y hombres pro feministas. Josep Guasch, psicoterapeuta, coach, consulta de coaching y psicoterapia (PNL, Hipnosis, Terapia Gestalt, Análisis Transaccional, Niño interior) en Sabadell y Terrassa.

 

Sexo y género. Configuración de la Identidad Masculina y Femenina

El patriarcado, nuevas masculinidades, Josep Guasch, coaching y psicoterapia en Sabadell

Roles y estereotipos en el patriarcado

El sexo hace referencia a una realidad biológica que condiciona factores psicológicos y sociales. Parte de la diferencia entre tener pene (hombre) y vulva (mujer). También existe una realidad silenciada, el polimorfismo sexual, aquellas personas que nacen con caracteres sexuales primarios indiferenciados.

El género es una construcción social que, partiendo de la realidad biológica, deposita diferentes expectativas en hombres y mujeres. Estas expectativas diferenciadas despliegan dos identidades a las que se asignan distintos roles con diferentes derechos y oportunidades. Y si bien se dice que somos iguales ante la ley, la realidad es que el modelo imperante ha asignado una posición de poder al hombre.

El rol asignado al hombre se basa en las ideas básicas de fuerza, imposición, rivalidad y exigencia. Añade a ello la negación de la sensibilidad y la vulnerabilidad confundiendo, a menudo, ambos conceptos con debilidad.

De hecho existe una definición de hombre que se basa en una triple negación. A saber, un hombre es aquello que no es:

  • Mujer
  • NIñ@
  • Homosexual

Poco cabe esperar, pues, de un modelo que se basa en la negación. Los hombres pro feministas trabajamos en la deconstrucción de este modelo de masculinidad hegemónica.

El patriarcado

Este modelo ha configurado una forma estereotipada de ser hombre. La llamada masculinidad hegemónica o patriarcal. El sistema que ha establecido esta diferenciación de roles y expectativas, el patriarcado. Este último fija una serie de conductas, valores, creencias y actitudes que “se le suponen” a todo hombre.

En este estándar, además, el hombre se proyecta en lo político y laboral y se aparta del mundo íntimo-afectivo-emocional. Además, debe mostrarse fuerte incluso ante sí mismo y, sobre todo, frente a las mujeres.

 

La masculinidad hegemónica

Suscribir el modelo de masculinidad hegemónica supone formar parte de un club selecto y selectivo. A no cualquier varón se le supone la suficiente “hombría” como para formar parte de este club. Además es algo que continuamente interpela y somete a prueba al hombre.

Es habitual que el ingreso se realice mediante “rituales de iniciación”. Desde los ritos de sociedades ancestrales y algunas actuales tribus, hasta las “novatadas” en el antiguo “servicio militar”.

Hasta no hace mucho, algunos padres celebraban la mayoría de edad de sus hijos invitándoles a un cigarro, una copa y llevándolos “de putas”. En la publicidad, a más de un@ les sonará anuncios del tipo “soberano cosa de hombres”.

El modelo básico de fuerza, imposición, rivalidad y exigencia, exige también inclinación hacia el riesgo y la erótica del poder. Todo ello no exento, en muchas ocasiones, de cierta chulería que es excusada.

 

Lo que debe ser un «hombre» según el modelo patriarcal

Existe un descuido por el propio cuerpo y tendencia a los excesos, especialmente en comida y bebida. En ocasiones, incluso esto es motivo de exhibicionismo.

La práctica del deporte no se considera un cuidado del propio cuerpo sino como ocasión para rivalizar.

Demostrar la propia «virilidad», fuerza, logros para ser validado como hombre. Necesidad de destacar. Autoestima dependiente del refuerzo externo.

El hombre mira a lo público y social, y es ahí donde se mide constantemente con otros hombres, sus rivales. Y es muy especialmente ante un hombre que el hombre difícilmente manifestará su vulnerabilidad.

Es habitual que un hombre comparta sus momentos difíciles con una mujer, pero no con otro varón. Esta resistencia es una de las razones de los grupos de hombres pro feministas que trabajan con perspectiva de género.

Liderazgo autoritario.

 

El hombre hegemónico y su relación con la mujer

Nous Homes de Sabadell, hombres pro feministas versus el patriarcado. Josep guasch, coaching y psicoterapia

La larga historia del patriarcado.

Tras siglos de dominación del patriarcado, el hombre se ha acostumbrado a ver en la mujer a un ser inferior. Y si bien esto es cuestionado en los últimos años, en la práctica sigue siendo así.

Probablemente el machismo ya no sea “políticamente correcto”, pero en su lugar se han desarrollado unas prácticas suavizadas, los micromachismos.

Hasta ahora, el hombre sólo podía mantener esta posición de privilegio, siempre, en el hogar, frente a su compañera, pues en el aspecto social y laboral, no siempre era/es “el que manda”.

El hombre ve en la mujer a una compañera que ejerce las funciones de cuidadora y acompañante. Hasta tal punto llega esta imagen que el hombre se siente atacado si su compañera discrepa ante él en algún tema, especialmente en un espacio público.

Miedo al feminismo y a los avances de las mujeres.

El hombre en el núcleo familiar cumple con la función de protector y proveedor. A la mujer se le delegan “funciones secundarias”, el cuidado de la casa y personas dependientes entre otras.

El hombre patriarcal, más allá de sus responsabilidades laborales, goza de plena disponibilidad de su tiempo. No se responsabiliza ante las tareas domésticas o de cuidado. Los más “modernos” dicen que “ayudan” a su compañera. Por supuesto, cuando tienen tiempo y les va bien.

 

Masculinidad patriarcal y sexualidad

En el terreno de la sexualidad, el hombre patriarcal está desposeído de cualquier modelo de cercanía, comunicación y dulzura. Su sexualidad está organizada alrededor de la genitalidad y la penetración.

Por supuesto, su orientación “normal” es la heterosexual siendo vista como no viril la homosexualidad. Este rechazo se extiende a cualquier orientación sexual que no sea la heteropatriarcal. El hombre patriarcal se siente superior a toda persona de orientación sexual no hegemónica

Refuerza el dualismo sexual, la posición de “macho” del hombre, así como la normalización de cierta promiscuidad sexual (es cosa de hombres)

 

Los estereotipos

El patriarcado, nuevas masculinidades, Josep Guasch, coaching y psicoterapia en Sabadell

Rol femenino, atención al hombre.

En el imaginario del hombre patriarcal, si cumple con estos requisitos, será validado como hombre. Y esto le otorgará una sensación de pertenencia así como un privilegio, social, laboral y (supuesto) “éxito ante las mujeres”.

Si el hombre no cumple con estos requisitos no será considerado hombre (no tendrá ese “privilegio”). Este no deja de ser una forma de control del patriarcado sobre los hombres.

Todos estos elementos no son vistos como una discriminación de la mujer. «Sencillamente hombre y mujer somos así y cumplimos con estos papeles»

 

El Patriarcado y las emociones

También las cuatro emociones básicas (las que constituyen los cimientos del mundo emocional) han sido debidamente asignadas. A saber:

 

  • Rabia. Aceptada en el hombre, especialmente si se la confunde con la fuerza. La rabia es mal vista en la mujer. A menudo se oye hablar de “marimachos” cuando una mujer expresa esta emoción o derivados de la misma. Si bien no puede ser entendida como la única causa, es fácil, desde aquí, deslizarse hacia la violencia machista.
  • Alegría. Se acepta en el hombre, poco en la mujer. La expresión “una mujer de vida alegre” lo dice todo. Recientemente hemos visto también como abogados defensores de violadores han utilizado el argumento de que la víctima, pocos días después de la violación, estaba con amigos y amigas pasándolo bien. La idea de fondo es que, después de una violación, la mujer no puede disfrutar de la vida. Y si lo hace, es que se le supone haber provocado o disfrutado de la violación.
  • Tristeza. Se considera la tristeza como debilidad para afrontar la vida. Por lo tanto el hombre, al ser fuerte no puede manifestar tristeza. Para muchos la tristeza crónica es solo cosa de mujeres. Esto llega al extremo que un hombre puede enmascarar una depresión.
  • El miedo es inaceptable en el hombre, es otro signo de debilidad. Sin embargo es, incluso recomendable en la mujer pues el miedo la infantiliza con todas las consecuencias derivadas de ello. Desde un supuestamente bienintencionado papel protector del hombre, hasta el miedo que retrasa las denuncias ante la violencia machista

 

Hombres pro feministas y patriarcado

Los grupos de hombres pro feministas trabajamos para redefinir una masculinidad más inclusiva y empática. Igualitaria y diversa. Rechazamos los roles estereotipados para atender a la Vida y la persona en su individualidad. Conscientemente nos consideramos hombres pro feministas en vez de feministas por cuanto entendemos que aunque nuestra intención sea la de llegar a una igualdad completa, en nuestro universo interior sigue viva la figura del «macho» predominante.

Entendemos también que en este trabajo debemos apoyarnos en lo social y colectivo. Es uno de los requisitos para salir de lo individual/patriarcal para poner en valor la fraternidad/sororidad.

Hasta el próximo artículo, recibe un cordial saludo

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Nous Homes de Sabadell. Grupos de hombres. Nuevas masculinidades.

 

 

 

 

 

El patriarcado y los hombres pro feministas. Josep Guasch, coach, psicoterapeuta, consulta de coaching y psicoterapia (Asertividad, liderazgo, terapia de pareja, celos, ludopatía, etc…) en Sabadell y Terrassa.

Diferencia entre violencia y agresividad.

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Violencia activa y pasiva, y agresividad en las relaciones

Violencia activa y pasiva. Violencia en la pareja, consulta online y presencial. Josep Guasch, coaching y psicoterapia (Terapia Gestalt, PNL, Hipnosis, Análisis Transaccional coaching para fatiga pandémica), en Sabadell y Terrassa

Diferencia entre violencia y agresividad.

¿Dónde termina la agresividad y empieza la violencia?

Violencia y agresividad a menudo se confunden. Por otra parte la violencia puede ser activa y pasiva. Solemos reconocer la violencia activa fácilmente, pero no tanto la pasiva. En cualquier caso la violencia siempre denota falta de empatía y asertividad.

Examinaremos las diferencias, entre violencia activa y pasiva, así como el modo de expresarse en la violencia de género y otras formas más sutiles como los micromachismos. También las examinaremos en el chantaje emocional y las relaciones tóxicas.

Agresividad y violencia las diferencias.

La agresividad es un instinto al servicio de la supervivencia y la adaptación al entorno. Es común en todos los animales. Los depredadores necesitan su agresividad para cazar y sobrevivir. No obstante no la utilizan cuando no tienen hambre..

Por contra, la violencia es un comportamiento aprendido. Es la agresividad al servicio de los propios intereses o para dañar a alguien o algo intencionadamente. Es una actitud y conducta propiamente humana.

En ocasiones violencia activa y pasiva, son utilizadas para reivindicar, erróneamente, nuestros derechos. En este sentido, podemos educar nuestra asertividad para evitar mostrarnos ante el mundo de un modo violento y/o manipulador.

El respeto y la solidaridad, la empatía y cooperación frente a la rivalidad. La igualdad y la libertad de todas las personas, son valores nucleares para hacer frente a la violencia tanto activa como pasiva.

Violencia activa y pasiva las diferencias

Si bien pueden existir mandatos culturales implícitos, la violencia activa y pasiva es ejercida por personas inmaduras. Personas que no saben sostener las diferencias ni reclamar sus derechos de un modo asertivo.

La violencia activa es fácilmente reconocible pues utiliza la violencia física y la coacción, así como la amenaza.

Violencia activa y pasiva.

Violencia pasiva, el lobo con piel de cordero

Sin embargo la pasiva no lo es tanto pues se ejerce a través de la manipulación y el chantaje emocional«. Si bien la violencia activa es más habitual entre hombres, la pasiva la ejercen tanto mujeres como hombres. Esto es debido a que la agresividad, al servicio de la emoción básica de la rabia, es tolerada en hombres (e incluso bien vista) y no tanto en las mujeres.

No debemos olvidar que en la violencia pasiva, el manipulador puede ofrecer una imagen sumisa, encantadora, incluso seductora. Sin embargo subyace una gran reserva de agresividad. En este caso suele tratarse de personas que no se atreven a aparecer ante el mundo o que han recibido una educación emocionalmente castradora. Aunque también existen personas con unas grandes habilidades que la ejercen sutil y sibilinamente al servicio de sus intereses.

A pesar de que la violencia activa y pasiva se ejerce muy claramente en la relación de pareja, no debemos olvidar su presencia en las relaciones humanas en general y/o, el mundo laboral así como con los hijos. Por supuesto que en la mayoría de los casos, la violencia con los hijos no es intencionada y gran parte de las veces es pasiva. No debe ser sin embargo justificación, pues existe el peligro que al recibir este tipo de educación, el niño la replique de mayor. El papel de la educación es fundamental en la prevención de la violencia en general.

Violencia secuencial

Existe otra estrategia mixta, la violencia secuencial. El actor aparenta, en primer lugar, renunciar a sus derechos (manipular), pero no duda en agredir física o verbalmente cuando considera que la estrategia no le funciona, o bien pasa a otro momento más decisivo.

En los episodios de violencia en pareja es bastante habitual. Cuando el agresor adopta el papel de víctima (aparente renuncia a sus derechos) para hacer sentir mal a la otra parte. Puede, incluso, adoptar el papel de persona callada, que no dice nada. «Castigar» con su silencio a la pareja (violencia pasiva). Si la otra parte cae en el juego manipulador, llegará a sentirse culpable. Entonces el manipulador adoptará el papel de perseguidor, para hacer sentir aún más culpable a la otra parte. Este es un típico guión neurótico manipulador de violencia activa y pasiva.

Violencia activa y pasiva, sentimiento de culpa, relaciones tóxicas y chantaje emocional

Es evidente el papel de la violencia en las llamadas ahora relaciones tóxicas. Alertar sin embargo que cuando el chantaje emocional aparece de un modo sutil, una relación tóxica puede pasar inadvertida.

Existen distintas formas de chantaje emocional. Uno es el que ya he expuesto anteriormente con la asunción del papel de víctima y la táctica del silencio. Y posteriormente la persecución para hacer sentír aún más culpable.

En general, los más peligrosos son los que incitan el sentimiento de culpa en la pareja. Así mensajes del tipo «No me quieres si»:

  • No respondes a mis mensajes (en un periodo corto de tiempo).
  • Si no me llamas cada X tiempo.
  • No quieres hacer el amor.

Pueden llegar a ser, incluso, «argumentos» que pretenden justificar el uso de la violencia en pareja.

Otros son tragicómicos pero existen, y muchos en celebradas canciones de éxito:

  • «Sin ti no soy nada»
  • «Si tú no me quieres, si tu no me amas, entonces para qué vivo»
  • «Si te vas, mi amor si tú te vas, me volveré a enterrar en vida y no saldré»

Los tres mensajes forman parte de tres canciones de éxito muy concretas. En los tres se responsabiliza a la pareja de la felicidad o incluso de la vida del (cantante…) 🙄

O incluso en las relaciones entre padres e hijos:

  • «Papá y mamá no te van a querer si no comes». O bien otro perversamente sutil
  • «Aprende de tu hermano o primo….» , algunos crueles…
  • «Estoy hart@ de tí…» etc… Otros invalidan sutilmente la sensación de capacidad del niño
  • «¿Para qué me vas a ayudar?… ya lo hago yo»

Violencia activa y pasiva. Violencia en la pareja, machismo y micromachismo.

La violencia de género es otra forma en que la violencia activa y pasiva se manifiesta. La permisividad, invisibilización y normalización de este tipo de maltrato ha hecho que, por lo menos hasta hace poco, se consintiera.

Entre las causas:

  • La incapacidad masculina de hacer frente a y gestionar sus propias emociones.
  • Por supuesto debido a una deficiente y sesgada educación emocional. Los estereotipos de género hacen que el hombre pueda expresar emociones «fuertes» (alegría, rabia, indignación, frustración…). Pero no las catalogadas como débiles, miedo, tristeza, melancolía… y derivados.
  • Una cultura patriarcal que otorga privilegios a lo masculino en detrimento de lo femenino.

Micromachismo y violencia pasiva.

Micromachismo, el machismo encubierto.

Una de las formas más invisibilizadas de violencia de género, son los micromachismos. Se trata de comportamientos de violencia pasiva o de baja intensidad en la relación de pareja. A menudo es un tipo de violencia ejercida inconscientemente por el hombre, si bien esto no es excusa.

Un ejemplo de micromachismo «bienintencionado» es el del hombre que, al llegar a casa, se presta a ayudar a su pareja. Implícito en el término «ayudar», está que la mujer es la responsable, al menos, de la logística del hogar. Luego, cuando el hombre «dispone de tiempo» se presta a colaborar.

Sobre el micromachismo podrían escribirse varios artículos. De momento valga señalarlo como ejemplo, en algunos casos, de violencia pasiva o de baja intensidad.

Violencia activa y pasiva. Un antídoto

La violencia activa y pasiva es un subproducto de la civilización del que debemos responsabilizarnos individual y colectivamente. La dinámica de la violencia aparece muy especialmente en la comunicación. Debemos a Marshall Rosenberg una de las propuestas más útiles para erradicar esta lacra de la sociedad.

La por él bautizada comunicación no violenta , es un diseño de comunicación basada en profundos valores de respeto, pacifismo, conexión, responsabilidad y elección.

Trabajar con este modelo de comunicación no es solamente «filosofar» sobre la conveniencia de esto o aquello. Es hacer operativa una cualidad que se echa mucho de menos en nuestra sociedad actual. La autoconciencia.

Hasta el próximo artículo, recibe un cordial saludo.

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Nous Homes de Sabadell. Grupos de hombres. Nuevas masculinidades.

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Nous Homes de Sabadell – Quiénes somos

Nous Homes de Sabadell – Grupos de hombres – Nuevas masculinidades

Nous Homes de Sabadell. Grupos de hombres. Nuevas masculinidades.

Nous Homes de Sabadell. Grupos de hombres y nuevas masculinidades.

A mediados de los años 70, en Europa, empezaron a proliferar los grupos de hombres. Este movimiento, surgió como una reflexión acerca de la masculinidad, como respuesta al auge del feminismo.

Hoy en día, aún tratándose de un movimiento minoritario, presenta un panorama complejo. Y todo esto por cuanto los cuestionamientos del feminismo han generado respuestas masculinas de todos los tipos.

Como grupo de hombres, Nous Homes de Sabadell, hemos creído oportuno posicionarnos y hacer visible nuestra historia, vocación y línea de trabajo que exponemos a continuación.

Nous Homes de Sabadell. Los comienzos

La primera formación surgió a raíz del encuentro de un grupo de varios hombres. En el entorno de un taller sobre inteligencia emocional que organizó el Ayuntamiento de Sabadell.

El taller llevaba por título: «És l’home, el gran oblidat?» (¿Es el hombre el gran olvidado?). Fue impartido por la psicóloga Elena Rolinski entre octubre y diciembre de 2009.

Durante estas jornadas estuvimos reflexionando acerca de temas como emociones y sentimientos en los hombres, las relaciones, el patriarcado etc… Finalizado el encuentro, quedamos unos cuantos con «sabor a poco». Y fue como decididmos agruparnos en forma autónoma e independiente.

De esta manera, nos constituimos formalmente en Marzo del 2010, tras varios encuentros y propuestas previas. Exponemos a continuación nuestra actual línea de trabajo.

Nous Homes de Sabadell. Nuestra línea actual de trabajo.

Nos posicionamos abiertamente en la corriente de las nuevas masculinidades. Entendemos que el patriarcado dominante, ha otorgado al hombre ciertos privilegios en muchos ámbitos.

Denunciamos y renunciamos abiertamente a estos privilegios. Y también queremos ahondar en la herida secreta que el patriarcado ha infligido en el alma masculina, especialmente en el terreno de la emocionalidad, y la comunicación sin imposición.

Consideramos que sin trabajo personal no existirá nunca una igualdad sentida como necesaria. Este trabajo de introspección también es necesario para acceder a nuestro mundo emocional, entenderlo y expresarlo creativamente.

Nosu homes de Sabadell, nuevas masculinidades.

Nous homes de Sabadell. Masculinidad y diversidad.

Compartimos la visión y el trabajo de los movimientos pro-feministas, así como el movimiento por las terapias de la masculinidad. (Adjuntamos enlace a anterior artículo para ampliar conceptos Grupos de hombres. Los distintos tipos)

Nos reunimos quincenalmente y promovemos actividades privadas y públicas en las que trabajamos los siguientes

Objetivos

  • Impulsamos la reflexión y comunicación interna-emocional entre los miembros del grupo.Utilizamos en este sentido, dinámicas de inspiración terapéutica así como la perspectiva de género.
  • Visibilizamos nuestro rechazo a la violencia machista, tanto hacia las mujeres como las paralelas(homofobia, transfobia…)
  • Promovemos la corresponsabilidad de los hombres. Tanto en las tareas domésticas como en las de cuidado de hijos y personas dependientes.
  • Reivindicamos la paternidad activa y responsable, implicándonos en la educación y crianza de los hijos.
  • Trabajamos en la construcción de una comunicación igualitaria y no violenta.
  • Reivindicamos la presencia paritaria de mujeres y hombres en instituciones públicas y privadas.
  • Reconocemos las diferentes formas de ser hombre y persona, así como de vivir y expresar la propia sexualidad.
  • Revisamos la expresión de una sexualidad basada en el dominio, para disfrutar de una sexualidad libre, respetuosa y consentida.
  • Entendemos los anteriores puntos como el núcleo de la corriente de las nuevas masculinidades.

Si estás interesado puedes contactar con nosotros bien a través del blog, bien a través de nuestra página de facebook

Anterior texto relacionado: Grupos de hombres. Los distintos tipos.
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Un cordial saludo

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Nous Homes de Sabadell. Grupos de hombres, nuevas masculinidades.

Nous homes de Sabadell

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Grupos de Hombres. Los distintos tipos.

Nous Homes de Sabadell. Grupos de hombres y nuevas masculinidades.

Grupos de hombres, qué son

Nous homes de Sabadell

El todo más que la suma de las partes

El término «Grupos de hombres» todavía genera bastante confusión por cuanto se trata de un movimiento incipiente. Debemos añadir a ello dos dificultades:

  • El reto que supone para el hombre reunirse, hablar (más allá del trabajo, fútbol y sexo) sobre temas personales. Y en este hablar, compartir de un modo abierto e inclusivo, y mantener el compromiso.
  • La diferencia que existe entre distintos grupos de hombres.

Los primeros Grupos de hombres surgen en Europa del Norte a partir de los años 70. Fueron los integrantes de los grupos anti sexistas. En general los grupos de hombres surgen como un replanteamiento de la masculinidad a partir de la revolución feminista.

Los distintos grupos de hombres en la actualidad

El resurgir del feminismo y la reivindicación de la mujer, de un lugar en la sociedad distinto al asignado supuso un debate social intenso. Los hombres, por su parte, vieron, que su rol en la sociedad quedaba, indirectamente cuestionado por la reivindicación feminista. Especialmente en lo relativo al ámbito laboral y, aunque indirectamente también, en el doméstico.

Este debate obligó,necesariamente, a que los hombres, en su momento, nos pronunciáramos. De este modo surgieron los distintos grupos de hombres.

Unos reaccionaron agriamente contra el feminismo. En el otro extremo, los que entendieron y aceptaron la necesidad de la igualdad. Y en ese camino de coherencia asumir las renuncias a los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres.

Para los primeros grupos de hombres, no hacía falta más que defender radicalmente lo establecido, el inmovilismo.

En el otro extremo las dificultades aumentaron por cuanto ya no era necesaria «solamente» la reivindicación política. Se empezaba a perfilar la necesidad de redefinir qué significa ser hombre más allá de los roles establecidos. Especialmente los grupos de hombres asociados al movimiento pro-feminista sintieron la necesidad de redefinir la masculinidad. Y de este modo empezar la, llamada actualmente, deconstrucción de la masculinidad hegemónica.

El debate estaba abierto y empezaron a dibujarse los distintos grupos de hombres.

Grupos de hombres. El movimiento pro-feminista o anti-sexistas.

Comparten los valores nucleares del feminismo, igualdad y justicia. Rechazan el patriarcado y el machismo que de él se deriva y promueven cambios en la actitud y conducta de los hombres hacia modelos más abiertos, igualitarios y pacíficos.

Cuestionan, muy especialmente, la hegemonía del hombre en la sociedad. Promueven, del mismo modo, la diversidad así como políticas antirracistas y la defensa de los derechos de homosexuales.

Para estos grupos no es necesaria solamente la reivindicación política de igualdad de derechos. Y esto es así por cuanto entendemos que existen unas inercias muy establecidas en el imaginario colectivo. Estas inercias, prácticamente, invalidan lo que, en teoría está contemplado legislativamente.

Entendemos que la reivindicación política debe ir asociada a un profundo cambio cultural. En ocasiones incluso terapéutico. Una transformación que conlleve una redefinición de lo que significa ser hombre, más allá de los mandatos del patriarcado. Es necesario, pues, un profundo trabajo de reflexión y vivencial.

Hacer de nuestros ámbitos personales y profesionales lugares en los que hacer visibles los valores del feminismo.

Visibilizar también clara y contundentemente nuestro rechazo al machismo y, muy especialmente, a la violencia machista. Se trata pues de un movimiento claramente comprometido con la transformación social. Algunos eslóganes típicos:

  • «Todo hombre es una revolución pendiente».
  • «El silencio nos hace cómplices». Aludiendo a las actitudes y conductas machistas cuando son slienciadas, minimizadas o incluso excusadas, muy especialmente en los feminicidios.

También llamados “pro-feministas radicales”.

Movimiento de las terapias de la masculinidad, de liberación del hombre.

Aliados naturales de los pro-feministas con los que comparten los valores nucleares. Si bien aquellos son un grupo de inspiración más política y social, estos hacen un especial énfasis en la herida del alma masculina constreñida por los mandatos del patriarcado.

En modo parecido a los anteriores, denuncian el modelo patriarcal de la actual sociedad. Sin embargo, este movimiento hace un especial énfasis en la opresión masculina promovida por el rol de género.

Fomentan actividades de autoapoyo y encuentros terapéuticos para promover cambios sociales a través de lo personal.

Movimiento mito-poético y grupos espirituales

Nuevas masculinidades Sabadell

Grupos de hombres pro feministas. Apoyo y colaboración en procesos de auto-descubrimiento.

Grupos de introspección y de autoconocimiento orientados a reencontrar la “masculinidad profunda” en los arquetipos. Como fuente inconsciente de actitud y conducta, los arquetipos se manifiestan a través de mitos, leyendas y ritos que utilizan en su trabajo.

Se inspiran especiamente en la psicología analítica de Jung y en Robert Bly. De este autor destaca, muy especialmente, el libro Iron John (adjunto enlace al mismo).

Movimiento de defensa de los derechos de los hombres.

Enfatizan la supuesta desigualdad a la que los hombres nos hemos visto empujados, por el avance de la mujer y el feminismo.

Sin rechazar explícitamente la existencia de la violencia machista, también reivindican la de las mujeres hacia los hombres, así como ciertos privilegios (legales) de la mujer, como la custodia de los hijos y el sesgo judicial protector en los procesos de divorcio.

Grupos de hombres. Los fundamentalistas masculinos

Formado por hombres tradicionalistas y explícitamente anti-feministas. Defienden los valores de la familia tradicional y los roles hombre/autoridad-proveedor-padre y mujer/madre-ama de casa. Vinculados a movimientos políticos de derecha y extrema derecha, también a ciertos lobbies supremacistas blancos y de defensa de las armas.

Si estás interesado en formar parte de un grupo de hombres, o conoces a alguien que pudiera estarlo, no dudes en contactar con nosotros.

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Los distintos grupos de Hombres. Nous Homes de Sabadell, nuevas masculinidades.

Amor romántico y terapia de pareja

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Amor romántico. ¡Cuidado con las utopías!

Amor romántico y terapia de pareja online y presencial. Josep Guasch, coaching y psicoterapia. Consulta en Sabadell y Terrassa

Terapia de pareja en Sabadell

Amor romántico, realidad e ilusión

Vimos en el anterior artículo, una pequeña introducción acerca de lo que no es el amor romántico y una muy breve reseña histórica. Y finalizamos con la excelente y clara definición del vínculo amoroso de Victoria Cadarso.

Sigamos diferenciando conceptos.

El amor romántico y terapia de pareja. Cuando la utopía es engaño

La anhelada perfección del vínculo a veces se confunde con el amor romántico, pero como veremos más adelante, el amor romántico no es, ni mucho menos, lo que podríamos entender como la excelencia.

Existe, en cada uno de nosotros, acompañando a nuestras habilidades y capacidades, un recorrido pendiente de aprendizajes vitales, no somos seres perfectos (creo que por suerte…) y, por supuesto, que en esto nuestra capacidad de establecer vínculos se resiente.

Y en el terreno de la relación de pareja, es sensato huir de las utopías. Aceptar a la pareja tal y como es debe basarse en el respeto, no en la complacencia. Pues, tal y como algun@s parecen proclamar, que nos guste todo ( y todo, es todo…) es una utopía. En este sentido, la terapia de pareja apunta a una visión realista.

Aceptar a la pareja es aceptar la globalidad, en el bien entendido que ahí existen luces y sombras. Luces y sombras que también existen en cada uno de nosotros. Aspirar a ideales excelsos, es construir expectativas que sólo pueden conducir a la frustración. Y aquí, en parte, el daño que han infligido los mitos del amor romántico, entre ellos el del maravilloso príncipe azul y la princesa de rosa.

Desarrollo personal y la capacidad de establecer vínculos

Amor romántico y terapia de pareja

La capacidad de amar está vinculada a nuestro desarrollo personal.

La capacidad de amar, es algo que se construye a medida que crecemos como personas y salvo que alcancemos la iluminación, 🙄 , esta capacidad nunca será perfecta.

Aquí voy a ser necesariamente realista pues, incluso las madres (uno de los vínculos afectivos más puros sino el que más), tienen un sesgo en su forma de tratar a sus hijos.… ¿quiere esto decir que dejan de querer? Por supuesto que no, lo hacen a su manera, incluso cuestionándose muchas veces si lo hacen bien o mal.

Afecto y deseo. Una metáfora oriental

“Si vas paseando por el campo y ves una flor, si la amas te detendrás, la observarás, dejarás embriagarte por su aroma y cuando vuelvas a casa la dejarás en el campo al que pertenece y te llevarás su recuerdo. Si ves esa misma flor y, por su belleza, la arrancas para llevarla contigo a tu casa, estará unos días contigo y también morirá en tu casa”

Esta metáfora oriental, muy difundida, nos ilustra de un modo sutil sobre la diferencia entre deseo (o querer) y vínculo afectivo. Es bueno tener clara la diferencia, pero tampoco es aconsejable, tal y como he expuesto anteriormente, esperar a la “princesa rosa” o “príncipe azul” que cubra al 100% esta expectativa.

Añadir a esto que en la relación de pareja, la relación sexual tiene un fuerte componente de deseo y afán de poseer. Algo, por otra parte, lógico. Por supuesto que podrían convivir “afecto puro” y relación sexual, pero no siempre sabemos diferenciar ambos aspectos. Y es precisamente el sexo una de las fuentes de conflicto en la pareja.

Idealismo y amor romántico

Consulta de terapia de pareja en Sabadell

En el amor romántico miramos algo distinto a la pareja.

En el fondo, y en su origen histórico, el amor romántico encierra un componente puramente espiritual. El contacto (o deseo) sexual se da en pocas ocasiones, y cuando ocurre devienen los desastres.

Fijémonos en este ideal platónico en “Don Quijote de la Mancha” y su caricaturizada “Dulcinea del Toboso”. Un aspecto más idealizado lo encontramos también en la Beatricce de Dante, la musa del poeta.

Sin embargo, en el ciclo Artúrico, cuando Perceval y Ginebra (esposa del rey Arturo) ceden al atractivo sexual, deviene la decadencia de Camelot.

¿Acerca de qué nos advierten los mitos del amor romántico?

En el mito de Tristán e Isolda, del mismo modo que en Romeo y Julieta, ambos amantes mueren. La muerte, en un nivel simbólico, puede significar una gran transformación, pero también la anulación mutua, la disolución de la personalidad.

Por supuesto que a efectos prácticos, es distinto el modo de desaparecer de un hombre y de una mujer en el amor romántico, habida cuenta de la supremacía masculina en el patriarcado. Pero esta supremacía masculina tiene un precio, el de una herida profunda en el alma del hombre.

¿Cómo desaparecen una y el otro en la relación romántica?, es algo que veremos en el próximo artículo. En cualquier caso, si aparece el mito, considera llevar el amor romántico a la terapia de pareja.

Hasta el próximo artículo, recibe un cordial saludo.

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