El Niño Interior y el Análisis transaccional Sabadell y online. Josep Guasch, psicoterapeuta, coach, consulta de coaching y psicoterapia transpersonal (PNL, Hipnosis, Terapia Gestalt, A.T. , Terapia niño interior, Formación de PNL y coaching para el día a día en Sabadell)
¿Te has detenido a pensar cómo las experiencias de tu infancia moldean tus pensamientos, emociones y decisiones actuales? ¿Sabías que dentro de ti aún vive ese Niño interior que influencia tus relaciones, tus miedos y hasta tus sueños? A través del Análisis Transaccional, una poderosa modalidad de psicoterapia, puedes reconciliarte con esa parte de ti mismo. Y a su vez, sanar heridas del pasado y desbloquear todo tu potencial.
Te invito a un viaje hacia tu esencia. En este artículo descubrirás cómo identificar y cuidar a tu Niño interior. Y, a su vez, cómo se relaciona con otras partes de tu estructura psicológica. De este modo puedes transformar tu vida desde adentro hacia afuera. ¿Estás listo para este viaje?
Conecta con tu Niño Interior a través del Análisis Transaccional y transforma tu vida

La sombra del niño interior presente en la conducta y actitud del adulto
La terapia del Niño Interior, es uno de los modelos terapéuticos más eficaces y de mayor alcance. Bajo el punto de vista de la psicoterapia humanista, un modelo no pretende ser tanto una explicación teórica y científicamente válida sobre lo que ocurre en nuestro psiquismo, como un modo pragmático de explicar el cómo funciona nuestro comportamiento, más que el porqué. Es pues, más una metáfora práctica, que una hipótesis o teoría.
Uno de los modelos más socorridos es el del Análisis transaccional (A.T.). Bautizado por algunos como el “hermano pequeño del psicoanálisis freudiano”, no pretende la profundidad de aquel, pero sí una mayor operatividad en cuanto al cambio que busca el cliente. Su universalidad se hace patente en sus múltiples aplicaciones, tanto en el ámbito de la psicoterapia transpersonal, como en el mundo organizacional y el coaching.
Este modelo postula la existencia de tres formas internas de funcionar que se reparten el “pastel” de nuestro psiquismo, conocidos como “estados del yo”.
Estado del NIÑO INTERIOR
» del ADULTO
» del PADRE
Si bien estos estados tienen su origen en momentos evolutivos distintos de la persona, se hallan presentes en mayor o menor medida en la persona adulta. Las equivalencias con las instancias psíquicas del modelo freudiano son:
NIÑO INTERIOR: Id o Ello;
ADULTO: Ego/Yo;
PADRE: Súper Yo.
El análisis transaccional es una terapia práctica, con pocas complicaciones teóricas. No hay trascendencias implícitas pero sí posibilidades… y en esas posibilidades, esos personajes que moran en nuestro interior…
ESTADO DEL NIÑO (Terapia del Niño interior)
Correspondiéndose en el modelo Freudiano con el Id o Ello y el principio del placer, predomina el SENTIR. El análisis transaccional diferencia 5 submodalidades:
El niño interior natural
Se corresponde con los seis primeros meses de vida, conductas y manifestación de sentimientos poco elaborados. En el Adulto se manifiesta como espontaneidad (en su vertiente “positiva”) o bien inmadurez. Es la vivencia del niño interior libre que también puede aparecer como tal en el adulto. Conviene alertar, no obstante, en el peligro del adulto infantilizado. Esto es cuando la figura del niño interior contamina el estado adulto.
El pequeño profesor
Hasta los 24 meses de vida, el bebé empieza a desarrollar su creatividad y una conducta más elaborada. Se las ingenia para sujetarse el chupete, arrastrarse para coger un objeto. Reconoce que es el momento de comer cuando ve el biberón o bien el babero. Y también aprende a manipular, como cuando llora para llamar la atención y que estén por él. Es intuitivo e imaginativo.
Terapia del niño interior, el infante adaptado.

El modo en que nos relacionamos con nuestro niño interior enriquece nuestra autoestima
Según la psicoterapia transpersonal, estos estados nacen en cada momento evolutivo. Y tienen un reflejo en la vida adulta. Sin embargo, hasta los seis años, algo va a marcar de un modo más fuerte la vida infantil. El modo en el que el niño adapta su conducta como respuesta a los requerimientos de los demás. Por ejemplo: si se le da la comida y no la quiere, puede tomársela sometiéndose a la persona que se la da generalmente por miedo (SUMISIÓN). También puede rechazar la comida y enfrentarse a quien se la da (REBELIÓN). Y, finalmente, puede hacerse el remolón e intentar retrasar la comida, distrayendo a quien se la da (DEMORADOR).
Estos tres estados nuevos se conocen como el Estado del niño interior ADAPTADO, (sumiso, rebelde o demorador) y marcarán mucho el modo en que el adulto enfrente sus problemas en la vida cotidiana.
Niño interior adaptado, sumiso
Acepta y somete su conducta a los mandatos de las figuras parentales, sin discusión (o muy poca) aparente. Según el análisis transaccional, el niño introyecta los mandatos parentales en figuras internas normativas y críticas. Es el germen del estado del yo «padre».
Adaptado rebelde

Niña adaptada rebelde.
Discute continuamente los mandatos parentales, lleva la contraria. Se niega a colaborar en lo que le dicen los padres.
En el adulto podemos encontrar este tipo de comportamiento en los llamados «rebeldes sin causa». Personas que con poco, o nulo, criterio se rebelan contra las normas sociales y las vulneran. Es importante en la terapia del niño interior, atender también a los estados del adulto. A menudo, la figura del niño interior adaptado (en uno de los muchos sentidos) contamina la supuesta madurez.
Niño interior adaptado, demorador
Aquí encontramos el germen de la procrastinación adulta. El niño no se atreve a discutir ni aceptar del todo las órdenes e instrucciones de los mayores.
Pospone de continuo el conflicto esperando que “algo ocurra” (algo ajeno a él). Demora asumir la responsabilidad de sus propias decisiones quedándose a medio camino entre la sumisión (que si bien es una claudicación, no deja de ser una decisión) y la rebelión.
En el acto del comer, se refleja especialmente en el bebé que no termina de tragarse la comida. Mastica hasta la extenuación o, sin tan siquiera masticar, sigue mantiene indefinidamente la papilla en la boca.
La terapia del niño interior forma parte de una gama muy interesante de intervenciones en el terreno de la psicoterapia transpersonal. A efecto del trabajo de coaching, conviene tomar conciencia de:
A/ Nuestro posicionamiento en nuestra actitud y conducta. Un trabajo de conciencia, especialmente las contaminaciones del estado del padre o del niño interior en el adulto.
B/ Tomar conciencia de las posibilidades a nuestro alcance mediante el cuestionamiento… ¿Cómo me manifestaría en esta situación desde la óptica del Padre, Niño y Adulto? ¿Cuál sería la más adecuada?. Hay que tener presente que, todos los estados del yo pueden tener su aspecto positivo y negativo en cuanto a la necesidad de adaptarse a situaciones nuevas o conocidas.

Muchas veces, la rebeldía no es más que ganas de jugar.
C/ Y como siempre en el proceso de coaching, centrarnos en los aspectos “luminosos” que conducen a la conducta efectiva, dejando el trabajo con el aspecto bloqueado o herido para la psicoterapia.
El referente, en los procesos de coaching, es siempre el estado adulto. No olvidemos que, a menudo, se ha definido el coaching como un aprendizaje de adulto.
(Recuerda) La terapia del niño interior se inspira en el modelo del análisis transaccional.
Conviene no obstante recordar que en ocasiones, el trabajo terapéutico se impone como paso previo al proceso de coaching transpersonal. Y muy especialmente cuando se sospecha de elementos irracionales que boicotean el curso normal del proceso.
Cabe destacar que el análisis transaccional es un modelo muy versátil. Su aplicación tiene cabida tanto en un proceso terapéutico como de coaching de inspiración transpersonal. Del mismo modo, puede aplicarse tanto a terapia personal como en el trabajo de equipos en empresas.
EL ESTADO DEL PADRE
Lo Normativo, opina en base a los juicios de valor. Se corresponde con la figura del Súper Ego en el modelo Freudiano (básicamente introyecciones de los mandatos de la sociedad, culturales, educacionales y religiosos)
También marcarán este estado del yo las primeras experiencias que el niño haya recibido de sus padres (padre, madre y figuras parentales en general) como modelos que integrará para su comportamiento o roles futuros. Estas primeras vivencias marcarán la influencia del niño interior en el adulto.
El niño para su desarrollo necesita que alguien se ocupe de él, protegiéndolo. Esta protección puede recibirla de dos modos:
Bien sea dándole cuidados, comida, limpieza, caricias, curación…
O mediante las órdenes, poner límites, prohibiciones y normativas.
El primer estado se conoce como PADRE NUTRICIO y CRÍTICO el segundo.
Padre crítico

El padre, a veces puede adoptar una actitud de intransigencia poco pedagógica.
En el adulto se manifiesta en las normas y actitudes rígidas, punitivas, culpabilizadoras, tanto con respecto a los otros como a uno mismo. Aquello que DEBE o TIENE QUE hacerse. No existe, siquiera un cuestionamiento del por qué. La figura del Padre Crítico está vinculado a los mandatos sociales, culturales, educacionales de todo tipo. Prima lo normativo frente a lo pedagógico. El niño interior, al principio, puede atemorizarse o rebelarse. Pero, según el análisis transaccional, es muy probable que termine introyectando y haciendo suya esta actitud en la edad adulta. Y esta actitud crítica se volcará a otras personas y contra sí mismo.
El padre nutricio

El padre puede cumplir una función de ejemplo, pedagógica y próxima.
Se manifiesta de un modo más relajado, las normas también son importantes pero la comprensión, la flexibilidad y el afán pedagógico acompañan su intervención.
Estos modos de relacionarse implican superioridad y autoridad y son típicos, no solamente de los padres respecto a sus hijos, sino también de los superiores jerárquicos en el mundo de la empresa, relacional, familiar, social o cultural.
El hijo aprende estas actitudes de sus padres y las va incorporando bien sea por imitación, bien por un proceso de interiorización, empezando a hacerlas suyas sobre todo entre los 6 y 12 años.
EL ESTADO ADULTO
Correspondiendo al Yo o Ego del modelo Freudiano y el “principio de realidad”, sustenta su actividad en el pensar, analizar, comparar, para tomar decisiones.
El estado del adulto emerge con motivo de un doble movimiento:

El yo adulto incluye la objetividad y lo resolutivo ante los problemas.
Por un lado la necesidad de un “árbitro” que atempere el conflicto entre los dos estados del yo descritos. En segundo lugar, es el momento en el que el niño ya empieza a hacerse preguntas ¿Qué es esto? ¿Por qué? ¿Para qué?…
Es ya un tipo de pensamiento que indaga y pide información. Se enfoca muy directamente sobre la realidad exterior del mundo y de los otros y va dirigida a obtener un conocimiento realista y objetivo de las cosas. En el niño, este estado puede verse contaminado por los aportes del “Pequeño Profesor”.
Si en la infancia, predominó la influencia del padre crítico nutritivo, en el adulto predominará la figura del niño interior libre. Por el contrario, si predominó la figura del padre crítico el adulto estará supeditado al niño interior herido.
A grandes rasgos, estas son las tres instancias postuladas por el modelo del Análisis transaccional (A.T.). Según cómo interactúen entre ellas condicionaran la actitud y la conducta de cada persona y otorgan referentes claros para facilitar la labor terapéutica o de coaching. También se ha utilizado en el ámbito de la empresa como técnicas de negociación, ventas, liderazgo de grupos…
Seguiré en el próximo artículo desgranando estos aspectos que dibujan nuestra dinámica interna y condicionan nuestro proyecto vital.
Entretanto, te invito a participar en mi blog ampliando ideas, aportando sugerencias o compartiendo tus dudas en el apartado al pie del blog.
Hasta el próximo artículo, recibe un cordial saludo.
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