Terapia del Niño interior, en Sabadell. El niño que llevamos dentro.

Sanar las heridas del pasado es el paso fundamental para vivir un presente pleno y consciente. A través de la terapia del niño interior, lograrás reconciliarte con tu historia emocional, ganando una nueva seguridad y libertad personal para afrontar tus retos actuales. Te invitamos a descubrir cómo transformar tu relación contigo mismo hoy.

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¿Alguna vez has sentido que hay una parte de ti que anhela ser escuchada y sanada? La Terapia del niño interior puede ser la clave para desbloquear empeños y emociones profundas que te impiden avanzar. ¿Te imaginas reconectar con esa esencia pura y llena de sueños que alguna vez fuiste?

Este artículo te invita a explorar cómo esta terapia puede transformar tu vida, permitiéndote sanar heridas del pasado y cultivar una relación más amorosa contigo mismo. Emprende este viaje de autodescubrimiento y sanación, y descubre cómo revitalizar tu niño interno puede llevarte a una mayor plenitud. No te lo pierdas, lee más a continuación.

Descubre Cómo la Terapia del Niño Interior Puede Transformar tu Vida

La terapia del niño interior es una de las modalidades de intervención de mayor efectividad. Además garantiza unos resultados duraderos y profundos. Se ha escrito bastante al respecto, y también muy diverso pues existen diferentes aproximaciones. Desde la terapia Gestalt, al Análisis transaccional, pasando por otras escuelas de inspiración transpersonal y espiritual.

En mi trabajo con la terapia del niño interior procuro una aproximación integrativa. De tal manera que actitud y práctica es más importante que las distintas teorías. Resumo a continuación el núcleo de esta terapia. Sin perjuicio de los distintos artículos que aparecen en mi blog (Verás varios enlaces al final de este escrito).

Qué es la terapia del niño interior.

En contraste con la máscara de nuestra apariencia, yace una historia oculta. Y aunque es un aspecto olvidado de nuestra biografía, no por esto deja de tener un peso específico en nuestro presente.

Dibujo de la silueta de un hombre y, en su interior, la silueta de un niño con un interrogante.

El análisis transaccional estudia la interacción entre la infancia, el adulto y el padre.

Los recuerdos que albergamos suelen ir acompañados de fechas, acontecimientos, relaciones, datos, etc. Pero esto no interesa a una parte nuestra, que atesora esa historia oculta, y secretamente dirige nuestras vidas.

Es una parte profundamente emocional que esconde necesidades no satisfechas. Y sobre todo nuestra esencia, aquello que somos en lo más íntimo de nosotros mismos. Y aquello que olvidamos hace ya mucho.

Con el nombre de terapia del niño interior, se describe una modalidad de terapia. Esta sirve para entrar en contacto con las heridas de nuestra infancia. Heridas que fueron infligidas cuando más vulnerables éramos. Cuando aún no teníamos suficientes competencias lingüísticas para poner en orden nuestras vivencias, ni experiencia para entenderlas.

Pero además, tratar estas heridas del pasado, actualiza y mejora nuestro presente. Pues aunque pudiera parecer que «ya pasaron», de hecho siguen presentes en nuestro aquí y ahora.

La infancia herida. Terapia del niño interior

Fotografía de una mujer y una niña, vestidas igual, mirándose. La terapia del niño interior nos conecta con nuestra infancia

El niño interior herido reclama la atención del adulto con el síntoma.

Todos tenemos una infancia vulnerada, nadie escapa a esta realidad. Estas heridas no resueltas tienen un peso específico en nuestro mundo anímico y se manifiesta de diferentes formas. Algunas de las más habituales:

  • Codependencia.
  • Celos, apego ansioso o evitativo.
  • Adicciones, alcoholismo, ludopatía, comida compulsiva.
  • Búsqueda exagerada de aprobación y asentimiento.
  • Autocrítica y descontento permanente.
  • Comportamiento compulsivo.
  • Aislamiento.
  • Comportamientos inadaptados. Reacciones exageradas.
  • Problemas con las figuras de autoridad.
  • Dificultad para las relaciones íntimas.
  • Tendencia a construir o buscar relaciones tóxicas.
  • Dificultad para expresar las propias emociones.
  • Sensación continuada de insensibilidad, vacío o tristeza.
  • Problemas conyugales o inseguridad en las relaciones.
  • Dificultades para relajarse y/o divertirse
  • Sentimientos de culpa, vergüenza o inadecuación.
  • Dificultad para gestionar las emociones (Inteligencia emocional insuficiente)
  • Problemas de autoestima.
  • Síndrome del impostor.
  • Procrastinación.

En general, cualquier muestra de inmadurez o desajuste emocional es susceptible de ser tratado con éxito por la terapia del niño interior.

Abraza tu infancia.

La terapia del niño interior beneficia a cualquier persona que decida emprender un viaje en busca de su infancia vulnerada. No es necesario tener algún desajuste emocional que incapacite especialmente.

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Existen ejercicios específicos, según la edad en que se vivieron las dificultades o incluso traumas. No obstante la actitud es más importante en el modelo del análisis transaccional.

Fotografía de un hombre llevando en brazos a un niño, presumiblemente su hijo.

Reparentalizar, hacernos cargo de nuestro niño interior.

Abrazar la figura del niño interior es el inicio de la reconciliación con uno mismo. Se trata de aproximarnos con una actitud completamente receptiva, no crítica. Sin juzgar ni valorar, una actitud amorosa a nuestros recuerdos de niño. Podemos utilizar fotografías, juguetes, ropa, libretas o escritos que conservemos de esa época.

También podemos actuar como si fuéramos ese niño interior. Una práctica muy extendida es la de dibujar sentados en el suelo. Tal y como hacíamos de pequeños.

Revivir la infancia

Intentar una descripción de lo que sentíamos, a qué jugábamos, qué nos asustaba, qué amigos teníamos. Incluir todos los recuerdos sensoriales es muy útil, especialmente los olores, aromas, sabores, tacto… por ser los sentidos más primitivos (el sólo olor de la madre calma a los bebés).

Podemos también dibujar nuestra habitación, las otras habitaciones de nuestra casa, cómo era el comedor o la sala de estar. Las conversaciones que recordamos con los padres, familia y/o amigos.

En definitiva, empezar a establecer un nexo, básicamente emocional, con nuestros recuerdos de infancia. Aceptar cualquier emoción y sentimiento que puedan aparecer, sin juzgar, sin enjuiciar… es el primer paso para la reconciliación.

Una primera aproximación a la terapia del análisis transaccional incluiría poner por escrito todo lo que aparezca en nuestra memoria o imaginación en contacto con estos recuerdos. También puedes dibujar, moldear con arcilla, inventar canciones… o ¡hasta bailarlas!.

Claro que en un proceso terapéutico personal, las prácticas son más específicas. No obstante, como ya he señalado antes, esta es una buena forma de empezar.

En busca de mi yo interior.

Pero hay más, el niño interior es el depositario de nuestro núcleo esencial, nuestro auténtico YO con mayúsculas. Cuando éramos bebés, este núcleo se manifestaba en su forma más pura, y también más primitiva, es decir poco evolucionada.

A medida que vamos madurando, las exigencias sociales nos obligan a esconder esta parte más auténtica. De tal forma que además de las heridas que recibe por la educación, es reprimida brutalmente.

Esta doble agresión (represión y menosprecio emocional) entierra a nuestro niño interior en las partes más oscuras de nuestro psiquismo. Y como todo lo que no se reconoce y se oprime, se va embruteciendo, pero no desaparece. Antes bien, se va manifestando a través de desajustes emocionales como los descritos anteriormente.

¿Qué hace un crío cuando cree que no le prestan atención…?

El primer paso es prestarle atención, amorosamente. Esto, claro está, no quiere decir ceder a todo lo que nos exige, existen prácticas específicas para tratar con estas exigencias sin caer en el menosprecio o la simple represión.

A destacar, también, que en ocasiones, cuando somos pequeños construimos una lealtad inconsciente negativa hacia uno de los padres. Si quieres saber más sobre esto, puedes verlo en mi artículo: Guion de vida y amor negativo.

Dibujo creativo de un laboratorio alquímico. La terapia del niño interior trabaja con la imaginación.

Unir el principio de realidad con la imaginación del niño interior para dotar de mayor significado a la Vida.

Prestar atención, el núcleo de la terapia del niño interior.

A medida que la sanación emocional va avanzando, no sólo se consolida el alivio y van desapareciendo los “síntomas”, sino que, además, ese yo puro con el que nacemos, va evolucionando con nuestro adulto, pero esta vez sin contaminaciones.

En pocas palabras, aparece el auténtico yo. Esto que en diferentes tradiciones psicoterapéuticas y algunas místicas puede conocerse como el Sí Mismo, el yo centáurico, el Verdadero Yo, el Yo superior etc.….

Redescubrimos la verdadera esencia de nuestra personalidad, de tal modo que conceptos afines como significado, dirección, sentido, misión de vida, entre otros, emergen espontáneamente.

A partir de aquí toda la vida de una persona adquiere una dimensión y profundidad nueva y coherente.

Por supuesto, las dificultades del día a día no desaparecen, pero emerge un nuevo estado de ánimo, con una mayor presencia, alegría y confianza.

Se trata, en definitiva, de una reconciliación con uno mismo y con la Vida.

La terapia del niño interior es una modalidad de psicoterapia además de profunda, transformadora.

Hasta el siguiente artículo, recibe un cordial saludo,

Artículos anteriores sobre análisis transaccional y niño interior siguiendo este enlace: El niño interior y el A.T., El niño interior, el padre y el adulto. El análisis transaccional (II). Guion de Vida.

Siguientes artículos: Imaginación activa y niño interior. La infancia redimida , El niño interior del adulto. El niño interior libre, la vitalidad y las ganas de aprender. Las heridas del alma. La importancia de la salud mental y emocional

www.josepguasch.com

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